Unos
pasos suenan por el pasillo, haciendo que Juliette se estremeciera.
Repone la
compostura
y un segundo después, abren la puerta. Una mujer esbelta y pelirroja
se
asoma.
Iba vestida con un apretado y elegante vestido negro, tacones y unas
enormes
gafas
de sol del mismo color. Ésta sonríe, haciendo ver unos hermosos
dientes de un
perfecto
blanco. Se aproxima poco a poco hasta ella.
-Juliette,
siempre es un placer verte.-dice la mujer con aire sarcástico.
Ella
sonríe irónicamente.
-Siempre
es un placer verte también, Lucinda-repite Juliette con el mismo
tono.
Lucinda
se sienta al lado de Juliette, cruzando las piernas elegantemente.
-Deberías
remodelar esto, Jules. No hay nada con alguna pizca de gusto
aquí.-dice ella.
-Vayamos
al grano, Luce. Sé por qué has venido.- Juliette mira seria a
Lucinda.
-Sí,
lo sé. Tenemos los mismos poderes, hermana. Yo también puedo leer
mentes.
-Desgraciadamente.
Mira, Luce, este… caso, podría ser un gran problema para el
aquelarre. Tanto el mío como el tuyo.
Lucinda
se quita las gafas de sol y mira con aires de superioridad a
Juliette.
-Mi
aquelarre está bien protegido. Mis chicas son listas y saben
protegerse. No sé cómo serán las tuyas...-dice ella.
Jules
ríe sarcásticamente.
-Mejor
que te preocupes de las tuyas.-responde.
Luce
se vuelve seria.
-El
chico tiene que ser destruido.-dice ésta.
-Por
una vez estamos de acuerdo en algo, hermana. Pero primero tenemos que
averiguar dónde está.
-De
eso se encargan mis chicas, no hay problema.
-Bueno,
entonces no tenemos más de qué hablar, Lucinda.
Ella
se levanta y camina lentamente. Se para en el umbral de la puerta y
mira a Juliette mientras se pone sus grandes gafas de sol.
-Vigila
tus espaldas, hermana.-dice, y se marcha elegantemente.
*
* * * *
Al
otro lado de la ciudad, una chica de pelo largo y castaño corre por
las calles desesperadamente. Viste entera de negro y lleva un
sombrero del mismo color para protegerse del sol. Se dirige a un
sitio en concreto, la gran casa blanca a las afueras. Llega tarde,
por lo que tiene mucha prisa. Se iba chocando con la gente y deprisa
les pedía perdón. De repente, uno de esos choques la toma por
sorpresa. El golpe es tan fuerte que no puede evitar caerse a la dura
acera.
-Oh,
vaya…-dice un chico.-Lo siento muchísimo, no te he visto.
La
chica lo mira y ve en sus profundos ojos azules, arrepentimiento.
-No
hay problema.-dice medio sonriendo.
Él
se levanta y la ayuda a levantarse.
-Y
bueno, ¿a dónde ibas con tanta prisa?-pregunta ella.
El
chico duda sobre si contárselo o no. Parece nervioso, a juzgar por
cómo se ha pasado una mano sobre su despeinado pelo rubio ceniza
antes de contestar.
-De
hecho, no voy a ninguna parte. Verás, alguien, no sé quién, me
persigue.-dice el chico mirando a todas partes.
-¿Alguien?-ella
empieza a interesarse-¿Por qué?
-No
estoy seguro de contestarte. Probablemente huyas y me acuses a la
primera persona que pase.
-Ponme
a prueba entonces. Vamos, puedes confiar en una completa desconocida
con la que te acabas de chocar-dice ella sonriendo divertida.
Él
también sonríe. De repente, se vuelve serio y cierra sus ojos,
concentrado. Cuando los abre, éstos parecen hechos de hielo. Unos
ojos de los que huirías. Ella no está asustada. Puede y sabe
defenderse bien. Lo que la chica de verdad sentía era intriga y
confusión. Pronto, todo alrededor se calló. Los pájaros piando, el
ruido de las hojas de los árboles moviéndose con el suave viento,
los coches de los alrededores… ya no se oye absolutamente nada. Era
como si se hubiera apagado toda clase de sonido. Su corazón empezó
a latir con fuerza, pero ella era incapaz de escucharlo. Empieza a
hablar, pero no oye voz alguna. Todo era un eterno silencio.
El
chico, al ver la cara de preocupación de ella, para de repente y se
relaja. Todo el sonido vuelve.
Ella
lo mira confusa.
-Necesito
que vengas conmigo.-dice.
-¿Contigo?
¿A dónde? ¿A la policía?-pregunta el chico con sarcasmo mientras
arquea una ceja.
-No,
nada de eso-ella niega con la cabeza-Es importante, ellas te
ayudarán, te esconderán. Bueno, al menos eso espero…
-Espera,
espera, espera. ¿Ellas? ¿Quiénes?
-Te
lo explico luego, no tenemos tiempo.-ella lo mira a los ojos- Confía
en mí.
Él
asiente.
-Confío
en ti.-dice serio.
Había
alguna que otra persona en la calle en la que se encontraban. Unos
hombres de traje aparecen. Parecen estar buscando algo. El chico los
distingue y su cara se vuelve blanca como la cal.
-Hay
que irse rápido, son ellos.-los señala con la mirada,
discretamente.
Ella
los ve y asiente hacia él.
-Vamos,
yo te guío. Ya no está tan lejos.-dice.
Los
dos empiezan a caminar muy deprisa, para no levantar sospechas. Una
vez que perdieron de vista a los hombres de traje, empiezan a correr.
-Por
cierto,-dice la chica jadeando-me llamo Alai.
El
chico sonríe
-Yo
Evan-responde entre jadeos.
Pronto
llegan a una gran mansión. Era enorme y blanca en cada centímetro.
De un lujo impresionante.
Evan
queda boquiabierto en cuanto la ve. A penas puede asimilarlo todo.
Una
vez en el umbral de la puerta, ella mira a Evan nerviosa.
-En
fin, que sea lo que Dios quiera.-dice.
Abre
la puerta con sus llaves, un poco más grandes de lo normal, y
entran.
Todo
dentro está impecablemente ordenado. Muebles un tanto escasos y de
gran lujo. Y cómo no, la casa por dentro también era blanca, con
algunos adornos de mármol en el techo y columnas del mismo material.
Al entrar en lo que parecía ser el salón, Evan se asombra de
cuántas pinturas de muchas personas de distintas épocas había.
-Wow…-susurra
él.
Ella
sonríe, pero al ver a otras tres chicas ahí, mirándolos, deja de
hacerlo.
-Vaya,
vaya, Alai. Encima de venir tarde traes a éste chico.-dice una rubia
despampanante sonriendo-Sé de alguien a quien no le va a gustar
esto…
-Oh,
calla tu mala boca, Sarah.-dice otra chica con el pelo castaño.-
Alai, ¿dónde te habías metido? ¡Llegas muy tarde!
-Sí,
tienes suerte de que Lucinda no haya llegado aún, porque si no, no
te salvabas. Sabes cómo se pone cuando alguna llega tarde.-añade
una chica de pelo color caramelo.
Alai
mira a las tres chicas, todas vestidas de negro, con arrepentimiento.
-Lo
siento, chicas. No era mi intención. Solo se me hizo tarde.-se
disculpa.
La
chica de pelo castaño asiente perdonándola.
-¿Y
quién es éste?-pregunta Sarah con intriga y superioridad.
Alai
sonríe, dejando que el entusiasmo se abra paso dentro de ella,
dejando todo rastro de arrepentimiento.
-Él
es Evan.-ella lo mira y ve cómo el chico hace un gesto de saludo con
la mano, un poco incómodo por la situación.
-¿Y
qué hace aquí?-pregunta la del pelo color caramelo.
-Veréis…-dice
Alai, empezando a moverse por la habitación muy inquieta.
-Suéltalo
ya, venga.-ordena la de pelo castaño.
-Evan
tiene poderes-dice ella rápidamente.
Las
tres se miran y empiezan a reírse a carcajada limpia. Alai mira a
Evan y él asiente, comprendiendo que tiene que demostrarlo.
Cuando
él empieza, las tres dejan de reírse al no ser capaces de escuchar
su propia risa. Lo miran con terror, confusión e intriga.
Evan
para y las chicas se quedan en silencio, sin saber qué decir ante la
situación.
-Me
llamo Emma, ellas son Jennifer y Sarah.-dice la chica de pelo castaño
seria-Tenemos que pensar en algo…
-¿Pensar
en qué?-pregunta Alai.
-Alai,
¿no te has dado cuenta?-Emma se aproxima a ella- ¡Evan es el chico
que Lucinda quiere que encontremos!
-Entonces
la voy a llamar, que venga ahora mismo.-dice Sarah marcando un número
en su móvil.
Emma
se lo arrebata de las manos.
-¡No,
Sarah! ¡Ni en broma!-exclama ella- Lucinda solo quiere apoderarse de
él. Lo sé, puedo leer su mente, por más esfuerzos que ella haga
para que no pueda.
-¿Y
a mí qué me importa? ¡Ni siquiera lo conocemos, Emma! ¿Qué más
da?-dice indignada Sarah.
-A
veces, Sarah, no sé si eres así de nacimiento o es que has sufrido
tanto en tu vida que te has quedado así. ¿No tienes sentimientos
acaso?-pregunta Jennifer.
Sarah
se encoge de hombros y se mira el pelo rubio.
-No,
chicas. No es solo por sus sentimientos. Si Lucinda quiere a Evan,
Juliette también lo quiere. Si una de ellas lo obtiene, lo utilizará
en contra de la otra. Eso solo significa una cosa: la guerra.-explica
seria Emma.
Todas
callan.
-Antes
unos hombres con trajes seguían a Evan. ¿Crees que son de Lucinda o
de Juliette?-pregunta casi susurrando Alai.
Emma
niega con la cabeza.
-No
lo sé…-responde-Puede ser cualquiera. Escucha, Evan. Tenemos que
esconderte en algún lugar. Dónde sea.
-Sé
dónde, le llevaré allí-dice Alai.
Emma
asiente conforme.
-Una
pregunta, ¿vais a algún funeral o algo?-pregunta Evan intentando
suavizar el ambiente-Es que como todas estáis vestidas de negro…
Las
cuatro chicas ríen y Evan sonríe, viendo su propósito cumplirse.
-Supongo
que es una moda entre las brujas.-dice Jennifer.
-¿Brujas?-pregunta
Evan.
En
ese instante, el sonido de la puerta abriéndose alerta a todos.
-¡Chicas,
ya estoy aquí!-grita una voz de mujer.
-¡Llévatelo
de aquí, es Lucinda!-susurra Emma.
Alai
y Evan asienten y corren por los pasillos asustados e intentando
hacer el menor ruido posible mientras el ruido de unos tacones
entrando resuenan por toda la casa.